Una anciana surcoreana se presentará por 772 vez al examen de conducir
La mujer, de 68 años, mantiene su firme voluntad de obtener el carné, pese a sus constantes fracasos.Una mujer surcoreana de 68 años se presentará esta semana al examen teórico de conducir por 772 vez, tras haber suspendido la última prueba este lunes, informan hoy medios de Corea del Sur.
Según el diario Joongang Ilbo, la anciana, identificada por su apellido Cha y residente en la ciudad sureña de Wanju, suspendió hace tres días el último examen desde que se presentó por primera vez a esta prueba en abril del 2005.
Al examen teórico, un test de 40 preguntas, se pueden presentar los surcoreanos una vez al día y los resultados se conocen de forma instantánea.
La anciana obtuvo una calificación entre 30 y 50 puntos cuando el aprobado en el examen se sitúa en 60 puntos.
Hasta ahora la anciana se ha gastado cerca de 3.000 dólares tras presentarse prácticamente todos los días de la semana, salvo festivos y fines de semana.
Un inspector de tráfico aseguró al diario que la anciana mantiene su firme voluntad de obtener el carné, pese a sus constantes fracasos, pues lo necesita para su trabajo, la venta de productos.
Esta mujer debe estar un poquito loca porque nadie se presenta 772 a un examen. Cualquier persona normal se presentaría unas pocas veces como mucho pero 772 son muchísimas y además hay que pagar por el examen que no es gratis. Y otra cosa, si haces un examen 772 veces, lo lógico es que lo tengas sabido y resabido....
Cogida de la voz.es
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jueves, 5 de febrero de 2009
¡Que arte tienes maestro!

Un artista intermitente
La nueva mirada sobre el siglo XX que nos regala la súbita quiebra de su continuidad proporciona sorpresas como descubrir artistas de apabullante densidad que lo atravesaron en la penumbra. Es el caso del alemán Thomas Bayrle, al que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) dedica una retrospectiva bajo el título de Me temo que ya no estamos en Kansas.Bayrle (Berlín, 1937) se inserta en el desperdigado territorio del pop europeo surgido en la década de los sesenta, en la generación de Sigmar Polke y Gerhard Richter. Pero a diferencia de sus famosos compatriotas, se ha pasado la vida intentando escapar "del hecho de ser artista", transitando por la heterodoxia. "Nunca en línea recta", explica. Trabajó en el filo de la duda y "entrando y saliendo de la práctica artística".
Su sola continuidad ha sido la docencia en la Städelschule de Francfort durante 25 años. Es, por tanto, un pintor de pintores, como señala la comisaria Chus Martínez, que descubrió su obra, asegura, en los talleres de artistas que fueron sus discípulos.
Su obra puede leerse como una crítica feroz de la sociedad que vio emerger en su juventud mediante el llamado milagro alemán; el sueño del consumo y la masificación. Pero su sentido del humor abre la puerta a múltiples lecturas, incluida la fascinación por el progreso.
En lo formal, es poliédrica; abarca desde las sorprendentes esculturas de autopistas retorcidas a los delicados dibujos y collages de sus comienzos, pasando por las imágenes desarrolladas por ordenador, que técnicamente no se distinguen en exceso de los grandes murales construidos manualmente con pequeñas piezas. Sorprendentes son las llamadas máquinas de pintura; una serie de cajas en las que personajes pintados y recortados se mueven literalmente entre decorados multicolores. También, la de las amas de casa armadas con escobas a las que se les levantan las faldas.
Por sorprendente que parezca, no ha sido hasta ahora, a sus 72 años, que a Bayrle le ha llegado la primera retrospectiva, y no en su Alemania natal, ni en una de las grandes capitales del arte contemporáneo, sino en Barcelona. Un proyecto ambicioso y complicado, en tanto que su obra no abunda en los museos. El Macba ha logrado reunir cerca de 300 de ellas.
"Aquí me siento representado en mi totalidad", dijo ayer, al tiempo que reconocía haberse emocionado al contemplar casi al completo el paisaje de su obra. Cuenta la comisaria que Bayrle no podía resistir la tentación de abrir las cajas conforme llegaban al museo para redescubrir sus viejos trabajos. Y no necesariamente para engordar su ego, sino a menudo para fustigarse con implacables autocríticas.
Yo no entiendo mucho del arte contemporáneo pero este es uno de los mejores cuadros que he visto en vida y me gusta mucho. También me sorprende que un señor de 72 años sea capaz de hacer esos cuadros.
La nueva mirada sobre el siglo XX que nos regala la súbita quiebra de su continuidad proporciona sorpresas como descubrir artistas de apabullante densidad que lo atravesaron en la penumbra. Es el caso del alemán Thomas Bayrle, al que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) dedica una retrospectiva bajo el título de Me temo que ya no estamos en Kansas.Bayrle (Berlín, 1937) se inserta en el desperdigado territorio del pop europeo surgido en la década de los sesenta, en la generación de Sigmar Polke y Gerhard Richter. Pero a diferencia de sus famosos compatriotas, se ha pasado la vida intentando escapar "del hecho de ser artista", transitando por la heterodoxia. "Nunca en línea recta", explica. Trabajó en el filo de la duda y "entrando y saliendo de la práctica artística".
Su sola continuidad ha sido la docencia en la Städelschule de Francfort durante 25 años. Es, por tanto, un pintor de pintores, como señala la comisaria Chus Martínez, que descubrió su obra, asegura, en los talleres de artistas que fueron sus discípulos.
Su obra puede leerse como una crítica feroz de la sociedad que vio emerger en su juventud mediante el llamado milagro alemán; el sueño del consumo y la masificación. Pero su sentido del humor abre la puerta a múltiples lecturas, incluida la fascinación por el progreso.
En lo formal, es poliédrica; abarca desde las sorprendentes esculturas de autopistas retorcidas a los delicados dibujos y collages de sus comienzos, pasando por las imágenes desarrolladas por ordenador, que técnicamente no se distinguen en exceso de los grandes murales construidos manualmente con pequeñas piezas. Sorprendentes son las llamadas máquinas de pintura; una serie de cajas en las que personajes pintados y recortados se mueven literalmente entre decorados multicolores. También, la de las amas de casa armadas con escobas a las que se les levantan las faldas.
Por sorprendente que parezca, no ha sido hasta ahora, a sus 72 años, que a Bayrle le ha llegado la primera retrospectiva, y no en su Alemania natal, ni en una de las grandes capitales del arte contemporáneo, sino en Barcelona. Un proyecto ambicioso y complicado, en tanto que su obra no abunda en los museos. El Macba ha logrado reunir cerca de 300 de ellas.
"Aquí me siento representado en mi totalidad", dijo ayer, al tiempo que reconocía haberse emocionado al contemplar casi al completo el paisaje de su obra. Cuenta la comisaria que Bayrle no podía resistir la tentación de abrir las cajas conforme llegaban al museo para redescubrir sus viejos trabajos. Y no necesariamente para engordar su ego, sino a menudo para fustigarse con implacables autocríticas.
Yo no entiendo mucho del arte contemporáneo pero este es uno de los mejores cuadros que he visto en vida y me gusta mucho. También me sorprende que un señor de 72 años sea capaz de hacer esos cuadros.
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